28/7/11

“Morir no es nada”. En recuerdo de Ramón Valdés

Nota d'Aurora González Echevarría
Departament d'Antropologia Social i Cultural

Universitat Autònoma de Barcelona

Ayer, 8 de julio de 2011, murió Ramón Valdés del Toro, catedrático emérito de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Verena Stolcke me pide que escriba una nota para el ICA. Pienso que nada puedo añadir ya a la emoción de la despedida. Pienso que no puedo dejar de hacerlo. Quizás sea el único sentido que puedo darle a esta mañana de sábado en la que, como escribía ayer Aurelio Díaz, director de nuestro departamento, todos los que hemos trabajado con él estamos más solos y más tristes.

Conocí a Ramón en el seminario de Etnología de la Universidad de Oviedo, en 1970. Se puede entender la atmósfera que creaba con sus intervenciones si se lee el artículo “Nuevas tendencias en el estudio del simbolismo”, que publicó en 1981, en Enrahonar( n. 2: 47-86). El texto no tiene su origen en una de las sesiones de aquel seminario sino en unas páginas sobre los ritos de paso de la tesis de doctorado que elaboraba en aquella época, pero el tono es el mismo. El título del texto lo evocaba ayer con su mujer, Cristina: “Morir no es nada”.

Recogía Valdés en él mitos africanos sobre el origen de la muerte. Y los articulaba y exponía con el estilo provocativo y brillante que siempre tuvieron sus clases. “De esos pueblos que no se preguntan por qué ni para qué comenzó a morir el hombre hay algunos que sí saben cuándo y cómo” (p. 48) y seguían datos de los baulé, los ashanti, los temne, los yoruba, y muchos otros pueblos del África occidental. Mitos que muestran que “las soluciones que al problema de la muerte dan los pueblos que se lo plantean son diversas hasta más allá de lo esperable. Y- continúa Valdés- en lo tocante a qué es morir y a qué del hombre muere, el acuerdo no es mayor” ( p.50) .

He citado “continúa Valdés”. El consuelo de escribir en presente para siempre, los textos, el magisterio, lo que del hombre no muere. Lo que nos mostraba Valdés era la diversidad de creencias sobre el origen de la muerte, el trasmundo al que van- cuando van a algún lugar- los muertos, el renacimiento, cuando renacen. Diversidad que, nos insistía, nos enseña tanto de las creencias escatológicas del pueblo estudiado como de las creencias escatológicas del etnólogo que busca datos sobre el origen, la reversibilidad o irreversibilidad de la muerte. La crítica no pretendía devolver la muerte al conjunto de los hechos biológicos vacíos de significado a los que cada grupo le confiere uno, sino al conjunto de los signos, y señalar como opera la atribución de valor diacrítico a un instante o a una sucesión de instantes dentro de un proceso continuo.

De esta manera nos reclutó Ramón para la Antropología: mostrándonos la diversidad de concepciones sobre la muerte, el trabajo, el amor, el dolor. Por eso me hice antropóloga. Porque en la España de los primeros años setenta, en la que teníamos que elegir entre el dogmatismo de la dictadura franquista y el dogmatismo de los centralismos “democráticos”, la Antropología que nos enseñaba Valdés en Oviedo añadía a nuestras vidas grados de libertad.

Siguió siendo así en la UAB. Desde aquella primera asignatura que impartió a tres alumnos en la licenciatura de Historia hasta sus últimas clases como profesor emérito en el departamento actual. El profesor de Antropología que fascinaba a sus oyentes. La Antropología que enseñaba, doblemente crítica respecto a nuestra sociedad y nuestra cultura, por el valor intrínseco de la inmersión en la diversidad conceptual y por la lucha deliberada contra los dogmas intelectuales, políticos, morales.

Seguiremos construyendo esa Antropología, Ramón. Nos comprometemos a hacerlo.

Bellaterra, 9 de julio de 2011